Puede ser que lo que buscas es ir directamente a tus heridas y traumas para sanarlos, y para eso algo más abajo compartiré también contigo 🍃5 Propuestas sobre Cómo Sanar tus Heridas Emocionales para que empieces a transitar ese camino desde una correcta base.
Pero antes de que inicies tu viaje, te invito a regalarte un momento de pausa para ti (ahora sería un buen momento para prepararte un té o tu bebida favorita, encender una vela, acomodarte y regalarte esta pausa) para empezar a entender este origen. Y si además sientes la necesidad de saber la verdad sobre qué nos ha influenciado, dónde empezó y desde dónde arrastramos todo esto, sigue leyendo porque seguramente lo que voy a contarte genere en ti un efecto tan calmante como abrumador, a la vez que fascinante.
El apego no nació en el diván de un psicoanalista ni en los manuales de psicología, sino hace 300.000 mil años en las cavernas, cuando si no existía vínculo no había posibilidad de sobrevivir.
El vínculo entre un bebé y quien lo sostiene no solo garantizaba la supervivencia sino que también sembraba las primeras raíces de lo que hoy llamamos apego.
No es mi intención hacer un recorrido exhaustivo por la historia de forma que esto se convierta en un documental, por lo que no me detendré más que en revisar a grandes rasgos lo que nos ha traído hasta hoy.
Vas a poder comprobar cómo esos traumas de apego son heridas antiguas que no solo vienen de la infancia (que también, y pronto compartiré más sobre eso último aquí porque me gustaría hablarte sobre cuán importante que es tu historia y de dónde vienes).
✨🎧🎶 Si lo prefieres, he grabado esta reflexión en Audio para acompañarte en la lectura
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TIENES QUE SER PRODUCTIVA PARA VALER – EL MENSAJE DEL SISTEMA
Aunque ahora vivimos en ciudades y hemos dejado las cuevas (al menos en un sentido literal), hay una necesidad profunda que sigue latiendo en nuestros cuerpos. Y muchas de nuestras heridas emocionales actuales tienen allí su origen.
Como ser humano (o debería decir, holobionte) naces completamente dependiente y necesitas un largo período de cuidado para sobrevivir, a diferencia de muchas otras especies que pueden caminar y alimentarse inmediatamente o poco después de nacer.
Al nacer eres un ser totalmente indefenso y, por tanto, no sabes defenderte, ni buscar alimento, ni siquiera sabes andar. Por si fuera poco, tu cerebro termina de desarrollarse fuera del útero y exige un extenso periodo de cuidado intensivo. Una interacción temprana calma y esculpe la arquitectura neuronal de tu cerebro, lo que es imprescindible para el desarrollo de tu yo autónomo y seguro. De modo que al nacer necesitas de un contacto físico constante, alguien que te sostenga en brazos, te cuide, interactúe contigo y que te dé calor: una comunidad o colectivo.
Y así se hacía en las sociedades cazadoras y recolectoras. Los bebés buscaban la voz, el olor y el pecho, y el llanto llegaba si no encontraban esa respuesta. Los adultos, seguramente como hoy día, acudían para mecerle, alimentarle y aportarle ternura y calor. Lo hacían por instinto, no porque supieran de traumas y de apegos seguros, sino porque sabían que un niño abandonado era un niño muerto que no tenía posibilidades de sobrevivir.
La lactancia era prolongada, había juego libre y una respuesta inmediata a las necesidades del bebé (o «su majestad el bebé» como lo llamó Freud), mientras era cuidado por múltiples figuras de la comunidad (esto es la alocrianza), lo que constituía un “nido” seguro, biológicamente hablando.
Si bien no es mi intención romantizar el pasado de ninguna manera, estas prácticas ciertamente ofrecían el entorno necesario para el desarrollo de nuestro cerebro.
Con la llegada de la agricultura la ausencia de estas condiciones en la sociedad moderna tuvo un coste en la regulación emocional y en la construcción de vínculos seguros: este nuevo modo de vida exigía trabajo constante.
Donde antes los niños aprendían observando, jugando y explorando, y terminaban por imitar a los mayores de forma que se incorporaban de forma natural y gradual a los quehaceres de la comunidad; con el asentamiento agrícola el trabajar la tierra, cuidar de los animales y sostener a la familia se volvió una exigencia directa.
Quizá ahora comprendas mejor por qué sientes que No vales si No haces algo o no estás triunfando (también para ganarte algo y entonces poder recibir sin culpabilidad); o por qué no hacer nada y descansar viene a veces acompañado de una enorme sensación de culpa e inutilidad en ti, así como de un impulso de necesitar hacer algo útil.
Así fue como tu infancia empezó a medirse en términos de utilidad productiva. Y esto además tuvo sus diferencias, ya que mientras los hijos de las élites eran preparados y educados para ejercer como ciudadanos y líderes, los de familias humildes o esclavizadas eran vistos principalmente como mano de obra, e incluso como propiedad (el mensaje de «vales y mereces lo que trabajas y lo que haces» queda muy implícito aquí).
LA FRIALDAD, EL DESAPEGO & LA VIOLENCIA SE VOLVIERON UN MECANISMO PARA NO SUFRIR
Con el Renacimiento empezaron a escribirse tratados sobre educación y crianza, pero el niño seguía viéndose como un adulto «en espera» (resuena su valor para una clara productividad), en lugar de como lo que realmente era, y por tanto, lejos de ser valorado por simplemente SER (sin tener que dar o hacer nada a cambio).
El mismo Jean-Jacques Rousseau afirmó que “la naturaleza quiere que los niños sean niños antes que hombres” en su obra Émile (1762), lo que favoreció que la infancia empezara a ser concebida como algo más que solo la preparación para la adultez.
Pero la altísima mortalidad de los bebés en sus primeros años de vida por aquel entonces seguía siendo una realidad que provocó que los padres dudaran sobre si debían permitirse apegarse a ellos sabiendo que podían perderlos. Toda una cuestión… (de auto-protección)
Esta especie de vulnerabilidad llevó a muchos adultos a mantener las distancias como mecanismo protector de defensa emocional («si no creo un vínculo de afecto con mi hijo no me dolerá tanto perderlo»). Así que la infancia empezó a estar manchada por el desapego y la violencia. Un parche terrible como solución.
Ahora, no solo no teníamos nuestro apego seguro en la infancia sino que además se nos abandonaba emocionalmente, incluso teniendo a mamá y a papá en casa.
Estoy segura de que al menos habrás oído hablar alguna vez de esa técnica de dejar llorar a los bebés y de no ir a cogerlos o atenderlos para educarlos desde pequeños ¿puede ser?
Bueno, pues para cuando llegamos a la primera mitad del siglo XX, antes de ayer, John Watson en su libro Psychological Care of Infant and Child (1928) aconsejaba a los padres evitar abrazar o besar a sus hijos, porque estaba convencido de que la cercanía afectiva debilitaba su autonomía y su carácter.
Desde hace tiempo llevo una frase grabada a fuego en mí: el trauma no es lo que nos pasó de pequeñas, sino lo que ocurrió porque se nos dejó solas con nuestro dolor.
María González · SENSE of SELF
TAN SOLO NECESITÁBAMOS UNA PRESENCIA LO SUFICIENTEMENTE SENSIBLE & CONSTANTE QUE NOS HUBIERA ACOMPAÑADO
Por suerte, Anna Freud, pionera en el psicoanálisis infantil y la hija pequeña de Sigmund Freud, subrayaba tras su experiencia con los niños desplazados durante la Segunda Guerra Mundial, que los niños no podían se tratados como adultos en miniatura, sino que necesitaban métodos propios acordes con su desarrollo.
De hecho, en el libro La Guerra y los Niños (1943) que escribieron Anna Freud en colaboración con Dorothy T. Burlingham documentaban el profundo impacto de separación y pérdida en la vida emocional infantil, y cómo la guerra se quedaba marcada en sus cuerpos además de en sus vínculos emocionales.
El pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott aportó que el desarrollo sano de un niño no requiere de unos padres perfectos, sino más bien de una presencia sensible y consistente que acompañe emocionalmente al niño, incluso con cansancio y errores. Esta visión supuso un respiro frente a la psicología conductista (la centrada en premios y castigos), recordando que lo importante no es criar de forma perfecta y sin equivocarse, sino ofrecer un cuidado lo suficientemente estable y bueno.
Entonces Bowlby apareció, y como psicoanalista lo expresó en su informe para la OMS en el Maternal Care and Mental Health en 1951, donde afirmaba que la ausencia de un vínculo estable en los primeros años de vida podía dejar huellas graves y duraderas.
Su conclusión fue tan simple como revolucionaria: durante la infancia está en juego el desarrollo del ser humano.
Le siguió el pediatra René Spitz, que observó que muchos bebés en orfanatos y hospitales, aunque recibían alimento e higiene, se debilitaban sin una figura estable que los sostuviera de forma afectiva. Estos perdían peso, mostraban apatía o dejaban de responder; algunos incluso llegaban a morir.
Poco después, James Robertson lo mostró en imágenes. En su corto A Two-Year-Old Goes to Hospital (1952), la cámara muestra cómo una niña de dos años hospitalizada durante ocho días por una cirugía menor, pasaba del llanto a la desconexión emocional al estar ingresada sin sus padres. Este corto impactó a profesionales y familias, y ayudó a cambiar las normas hospitalarias.
Con esto, la idea de Bowlby cobró forma: la ausencia de apego no es una teoría, sino un dolor real, medible y devastador.
Por primera vez se reconocía que los niños tenían derecho a ser cuidados, que necesitaban una figura estable que les acompañara y les diera afecto, y las instituciones debían proteger ese vínculo en vez de romperlo.
Esto, en un tiempo donde se recomendaba la frialdad y las distancias como método de crianza, resultó ser una idea tan radical como necesaria e inspiró nuevas prácticas. Empezando por tomar conciencia y sobre ciertas prácticas en el área de maternidad de los hospitales donde, por ejemplo, se eliminaron algunas prácticas que interrumpían innecesariamente el contacto inmediato entre la madre y el bebé nada más nacer.
EL TRAUMA SE HA CONVERTIDO EN ALGO TAN HABITUAL QUE LA MAYORÍA NI SIQUIERA SABE QUE LO SUFRE
Aun así, el entorno y la seguridad colectiva también desarrollan un papel importante en el apego infantil. Y el trauma generacional (la epigenética) y cultural también son un factor que arrastramos en menor o mayor medida, y que por tanto queda pendiente a trabajar en cada persona.
Si una generación no resolvió ese trauma, la siguiente generación tomará los hilos de ese evento – Peter Bourquin.
En mi propia experiencia así como en la de algunas de mis clientas, las Sesiones Especiales en las que integro intervenciones de EMDR Somático a mi práctica han supuesto un antes y un después a la hora de tratar aquellos traumas que se arrastran de generaciones anteriores, así como también aquellos que he experimentado en primera persona.
Como puedes comprobar, no necesitas haber pasado por una guerra o por un evento traumático mayor para tener un trauma. De hecho, el 100% de la población sufre heridas emocionales y la mayoría ni siquiera reconoce su presencia.
EJEMPLOS DE TRAUMAS QUE PUEDES ESTAR SUFRIENDO PENSANDO QUE ES ALGO NORMAL
El trauma es algo que puede ocurrirle a cualquiera, no solo a quienes han vivido acontecimientos extremos. Esta es una de las malinterpretaciones más comunes que tiene la mayoría de las personas a las que trato, y la que precisamente está impidiendo que puedas trabajarlo y sanarlo.
El 100% de la población sufre heridas emocionales y la mayoría ni siquiera reconoce su presencia. María González · SENSE of SELF
Puedes haber sufrido traumas con «T» mayúscula al experimentar eventos extremos y/o amenazantes para tu supervivencia, y que estos hayan dejado en ti una profunda y duradera huella psicológica (como el TEPC).
- Algunos ejemplos de trauma con «T» mayúscula son:
- Accidentes graves
- Violencia extrema
- Desastres naturales (terremotos, huracanes…)
- Guerras o terrorismo
- Muerte súbita de un ser querido en circunstancias trágicas
- Abuso físico o sexual
Pero también puedes haber experimentado algo mucho más común: el trauma con «t» pequeña. Este es el tipo de eventos menos impactantes pero que también puede tener una repercusión significativa en tu vida.
2. Algunos ejemplos de traumas con «t» pequeña por los que puedes haber pasado son:
- Abandono emocional constante o temporal en tu infancia
- Desaprobación constante por parte de figuras de autoridad o cuidadores
- Burlas o acoso escolar prolongado
- Mudanzas frecuentes que generan inestabilidad
- Fracasos importantes o pasar por situaciones de vergüenza que te marcaron
- Rupturas sentimentales
Sin ir más lejos, el equipo de investigación de Bessel van der Kolk (autor del libro El cuerpo lleva la cuenta y uno de mis mentores), pudo constatar de forma repetida que el abandono emocional y el maltrato emocional crónico pueden ser tan devastadores como el maltrato físico y el abuso sexual.
Y ahora nos encontramos con un dilema en el que vivimos: un sistema que confunde SER con HACER, y que nos impone un ritmo de productividad y una actividad poco más que antinatural para nuestros cuerpos, que no hace más que drenar nuestra energía y nuestro tiempo.
Y aún teniendo más conciencia e información que nunca sobre el apego y los traumas emocionales, la pregunta está servida en nuestro interior… ¿cómo se sostienen vínculos sanos sin tiempo ni energía para lograr acompañar con una presencia afectiva que diga «estoy aquí contigo, te veo, te entiendo y hagas lo que hagas, te voy a querer igual«?
Me pregunto qué hubiera pasado si te hubieran ofrecido a ti esa misma presencia, de forma constante y segura de pequeña. ¿Cómo te sentirías hoy? ¿Serías la misma persona, o quizá una versión más segura, alegre y dispuesta a navegar de una forma más valiente y calmada las olas que te presenta la vida?
Aún estás a tiempo de parar de vivir en modo supervivencia, intentando contentar a todo el mundo, trabajando hasta el burnout y consiguiendo metas solo para demostrar que vales según consigues (títulos, cargos, posesiones…).
Estás a tiempo de sentir que vales solo por existir (y sentirlo de verdad en ti, en todas tus células), a través de parar y cuidar, sin culpa, de lo que más importa: tú. Porque si tú no estás bien, no habrá trabajo, familia, pareja ni absolutamente nada de lo que puedas cuidar con presencia y bienestar.
Tu vida y tu sistema nervioso así como tus vínculos reclaman calma, tiempo y presencia, y puedes empezar a nutrirlo con solo algunos pequeños momentos en tu día a día que empiecen a cambiar hacia un futuro mejor y más sostenible con nosotras mismas y los demás.
El mejor momento para empezar a re-construir tu vida siempre es Ahora, incluso aunque el sistema quiera llevarte en la otra dirección.
CÓMO SANAR TUS HERIDAS EMOCIONALES
Quiero empezar dando voz al hecho de que sanar no significa correr para dejar de sentir, ni tachar en una lista lo que te duele. De hecho, el mero intento de tratar de ponerle solución rápido a algo que requiere constancia, presencia y lentitud, probablemente hará que fracases a la misma velocidad.
Las heridas emocionales empiezan a suavizarse cuando aprendes a estar con ellas de manera lenta, consciente y compasiva, lo que además ejerce un efecto de calma y tranquilidad para tu sistema nervioso (que, ahora que lo menciono, quizá ya te hayas percatado de que el tuyo seguramente está constantemente hiperactivo y en alerta casi siempre, lo que puede que te lleve a catastrofizar con frecuencia).
Mi propuesta, la que aplico con mis clientas, es un slow healing: mi propio abordaje, uno que he creado con cariño, donde no hay metas rápidas y más prisas o estrés con las que ya te bombardea constantemente tu sistema. Sino un espacio para escuchar lo que necesitas, darte cuidado sin exigirte más (si no precisamente hacer menos: menos preocupación, menos ansiedad, menos culpa…) y empezar a construir tu vida basada en tu propio ritmo, uno más natural. Tu propio ritmo.
Porque tus heridas no te piden soluciones urgentes, te piden lo que nadie te dio: validación, aceptación incondicional, presencia y una amable acogida basada en la compasión y el amor incondicional que mereces recibir.
¿A caso te gustaría recibir o haber recibido todo eso rápido y urgente? Me atrevo a decir que preferirás que sea constante y que permanezca con el tiempo 😉.
Y desde aquí sí, es posible empezar a dar pasos concretos para sanar.
- Reconoce tus heridas sin juicio
El primer paso no es “arreglarte”, porque tú no estás rota. Sino darte cuenta de lo que te duele. Nombrar las heridas y permitirte sentirlas sin juzgarte,ya es un comienzo para sanar.
- Escucha tu cuerpo
Las heridas emocionales no solo viven en tu mente: su impacto se queda atrapado en tus tejidos y células. Respirar, descansar y notar las sensaciones que sientes en tu cuerpo es una forma de permitir un lugar seguro para ellas.
- Reescribe tu historia, pero desde la compasión
Cuando comprendes que muchas de tus heridas no empezaron contigo, puedes mirarte con más ternura. No eres culpable de lo que te faltó, ni tampoco de los cristales rotos que te dejaron, pero sí puedes darte ahora lo que necesitas en lugar de seguir clavándotelos de por vida.
- Busca apoyo y acompañamiento consciente
Como ya has podido comprobar, sanar no siempre es un camino en soledad sino que además se beneficia de la presencia y el apoyo. Compartir tu proceso en terapia, con un grupo de apoyo o con personas de confianza te ayudará a sentirte sostenida mientras avanzas.
- Crea pequeños rituales de autocuidado
No necesitas hacer grandes cambios radicales en tu vida: solo necesitas constancia y empezar por un pequeño gesto diario de cuidado. Puede ser:
- una pausa consciente
- parar para tomar el sol 10 minutos
- escribir
- meditar
- mover y estirar tu cuerpo
- etc.
Créeme, los pequeños gestos repetitivos están sumamente infravalorados y son la semilla de una nueva forma de estar contigo.
Sanar una herida emocional no es un camino rápido, pero sí puede ser más amable y gratificante cuando tienes el acompañamiento y la guía adecuada.
Por eso, he creado 👉🏼 esta Audio Guía: ✨🍃Recupera tu Calma en solo 5 Minutos», un recurso gratuito que te ayudará a calmar tu sistema nervioso, regular tus emociones y reconectar contigo misma rápidamente cuando más lo necesitas.
Si te has visto reflejada en algún punto o quieres compartir cómo lo has vivido, puedes dejar tu reflexión o experiencia abajo en los 💬comentarios. Te leo con cariño.
Un abrazo 🍃🎐🤍,
Bibliografía y Respaldos de esta Obra:
Agustín de Hipona (ca. 397–400) · Bowlby (1951) · d’Errico (2015) · Descartes (1649) · Anna Freud (1943) · Harlow (1958) · Hume (1739) · Shipton (2018) · Spitz (1945) · Van der Kolk (2014)



6 comentarios en «El Origen de tus Heridas Emocionales y Trauma»
Me ha gustado mucho y quiero llevarlo a la práctica.
Gracias 🙏
Gracias por tu mensaje.
Me alegra saber que te ha resonado y que te apetezca llevarlo a la práctica. Dar ese primer paso, aunque sea pequeño, ya es una forma de volver a ti.
Ojalá que notes cambios positivos en tu propio proceso.
Gracias a ti por estar aquí 🍃🤍✨
Me ha gustado muchísimo este artículo. Nunca había entendido tan claramente cómo se forma un trauma ni cómo puede seguir afectándonos tantos años después. La parte en la que hablas de cómo se queda el trauma en los tejidos me ha hecho reflexionar mucho.
Gracias por explicarlo con tanta sensibilidad y sin tecnicismos. Voy a probar los ejercicios que propones para empezar a sanar las heridas. Me encantaría leer más sobre estos temas porque quiero trabajar la autocompasión y la regulación emocional.
Muchas gracias y enhorabuena por la página.
Gracias por tus palabras, de verdad.
Me alegra mucho saber que el artículo te ha ayudado a comprender mejor el origen del trauma y cómo puede quedarse grabado en el cuerpo. A veces, poner claridad donde antes solo había confusión ya abre un pequeño espacio de alivio.
Qué bien que te animes a explorar los ejercicios; hacerlo con amabilidad marca una gran diferencia.
Seguiré compartiendo más contenidos sobre autocompasión y regulación emocional, creo de hecho que son dos indispensables que pueden acompañarte y sostenerte en este camino marcando una gran diferencia.
Gracias por estar aquí y por tu cariño hacia este proyecto 🍃🎐✨
Excelente página. La información está muy bien organizada el mensaje es profundo y la solución sensata.
El artículo es profundo y enriquecedor. Aborda un gran tema que sufrimos la mayoría de las personas, me ha aparecido excepcional y ofrece reflexiones que invitan a pensar y aprender de ello. Se nota un gran trabajo y dedicación por tu parte. Sin duda una lectura recomendable.
Superar un trauma no consiste en borrarlo, sino en integrarlo de una manera que deje de causar dolor.
Gracias por compartirlo.
Muchas gracias por leerlo con tanta atención y por tomarte el tiempo de compartir tu reflexión.
Me alegra saber que el texto te ha resultado claro, profundo y útil. Nombras algo muy importante: el trauma no se borra, se integra, y ese matiz cambia por completo la forma en que nos relacionamos con nuestra historia y las heridas emocionales que dejado.
Gracias de verdad por tus palabras y por la sensibilidad con la que has recibido el artículo.
Te mando un abrazo.